
Son universitarios y no tenían trabajo.
Compraron bicicletas de buena calidad y armaron los recorridos- Son de San Martín de Los Andes y recorrieron varios países en bicicleta- Éxito con los turistas.
Rodrigo Fernandez Valdivieso tiene 26 años y le falta una materia para recibirse de diseñador industrial en la Universidad de Buenos Aires. Su amigo Nicolás Falcioni tiene 27 y es Licenciado en Comunicación Social. A ellos la bicicleta y el ingenio les dio el trabajo que el mercado laboral les esquiva a pesar de su formación.
Invirtieron en bicicletas de buena calidad, de aluminio y con 21 cambios, se promocionan en los albergues donde se hospedan los turistas más jóvenes y crearon su microemprendimiento: Urban Biking, que ofrece paseos por la ciudad en bicicleta.
La idea surgió una noche pedaleando por la Costanera Sur y maravillándose con la fuente de Las Nereidas iluminada por la luna. Pero, silenciosamente, el proyecto había comenzado a germinar mucho antes en San Martín de Los Andes, donde se criaron ambos.
“El camino de los Siete Lagos, de San Martín a Villa La Angostura lo recorrí un millón de veces: en auto, moto, a dedo, a pie. Pero cuando lo hice en bicicleta vi cosas que nunca había descubierto antes. En bicicleta interactuás mucho más con el medio, porque te acercás a lo que querés ver, no es como ir en un tour donde subís y bajás de una combi a cada rato”, resume Rodrigo.
Cuando cambiaron el aire limpio de los Andes por un departamento en el ruidoso barrio de Congreso, lo hicieron con la esperanza de conseguir un trabajo: uno quería ser periodista y el otro, diseñador industrial.
Nunca imaginaron que iban a pedalear todos los días desde su departamento hasta la placita Serrano en Palermo Viejo, acarreando sendos carritos en los que trasladan tres bicicletas cada uno para comenzar desde allí una aventura que invita a los turistas.
Primero dan una charla introductoria sobre lo que van a ver y cómo van a andar (siempre uno de ellos encabeza la caravana y el otro va al final). Después ofrecen cascos y explican para quiénes necesiten, cómo se usan los cambios de las bicicletas.
“El recorrido comienza desde la parte nueva de la ciudad hacia la vieja. Salimos de Palermo y pasamos por Recoleta, Puerto Madero, La Boca y San Telmo para terminar en Plaza de Mayo o plaza de los Dos Congresos. Hay otro circuito que es por la zona norte, hasta el Tigre y a la vuelta nos subimos al tren”, explicó Nicolás.
“Siempre tenemos un plan “B”-agregó Rodrigo-, porque hay que tener en cuenta las manifestaciones, el tránsito, el clima.”
Aunque una lluvia les suspenda la actividad del día o una manifestación los obligue a desviarse, Rodrigo y Nicolás encontraron la manera de eludir los avisos clasificados en busca de un empleo que se empecina en no llegar.
Para armar los recorridos hicieron un largo trabajo de “inteligencia” como lo califican. “Hicimos pruebas con amigos y parientes para ver si les gustaba. Una vez vino mi mamá del Sur y la llevé para ver si una señora de su edad podía hacerlo. Tuvimos en cuenta un montón de cosas, porque la idea es que lo pueda hacer toda la familia, desde un nene hasta una persona mayor”, dijo Rodrigo.
Una vez definidos los recorridos, los socios invitaron a los administradores de albergues donde se hospedan los turistas para participar de los paseos. “Les gustó tanto que esa fue nuestra mejor publicidad, pero ahora queremos que también lo haga la gente de acá porque es muy copado redescubrir la ciudad, como si uno fuera un turista”, dijo Nicolás.
Rodrigo y Nicolás no parecen dos ciclista profesionales. No usan calzas, guantes ni calzado especial. Pero no les falta experiencia.
Nicolás recorrió España, Francia, Italia y parte de Suiza en bicicleta. Rodrigo lo acompañó a conocer la Patagonia argentina y chilena y cuando llegaron a Buenos Aires siguieron alimentando su curiosidad viajera con paseos nocturnos en bicicleta.
“La idea era traer a la ciudad la actitud de manejarse en bici que se puede tener en el sur. Aunque acá hay cemento en lugar de lagos y bosques, encontramos que se podía tener la misma actitud”, definió Rodrigo.
Los recorridos que proponen por la ciudad los dividen en tres circuitos que se pueden combinar y por los que cobran entre 15 y 30 pesos.
A media tarde hacen una parada de contrabando en la Reserva Ecológica , donde toman mate, se relajan un rato y charlan con sus clientes.
“Nos preguntan mucho sobre nosotros, cómo es nuestra vida, dónde vivimos, qué hacemos. No tenemos una relación de guía-cliente, sino de igual a igual”, contó Rodrigo.
Probablemente el secreto del éxito de esos amigos resida en no ocultar las partes oscuras de la ciudad. Como lo resumió Nicolás: “Nos gusta mostrar lo que nos interesa ver cuando viajamos a otro país. No queremos que vean sólo la Buenos Aires turística. Queremos mostrar una ciudad más real, con sus edificios copados y sus zonas humildes”.
De a ratos, la bicicleteada se interrumpe para estirar las pierna y tomar algunas fotos. “Cuando paramos les damos algunos datos, pero no queremos apabullar con información porque la idea es pasarla bien, no intelectualizar”, dijo Rodrigo.
A un mes de haber comenzado, el negocio funciona bien con el turismo y ahora trata de captar también a los porteños. Pero los socios no van a frenar: mientras preparan su página web están organizando salidas nocturnas y no pierden las esperanzas de encontrar trabajo. Como periodista uno y como diseñador el otro.
Antonio Teixeira viajó desde Viscosa, un pueblito de Mina Gerais, en el interior de Brasil, para conocer Buenos Aires y seguir viaje hacia Uruguay.
“La idea era quedarme tres días, pero hace dos semanas que estoy y no me puedo ir. Me pareció muy interesante. Yo conozco unos 36 países, viajé mucho, pero en ningún lugar del mundo encontré un paseo urbano en bicicleta como el que hice acá”, contó.
Cuando se encontró con Rodrigo y Nicolás, Antonio puso una premisa: “Quiero conocer también los lugares feos de Buenos Aires, estoy cansado de que me muestren sólo lo lindo”, dijo.
La respuesta fue tranquilizadora: “No te preocupes, vas a poder sentir y oler el verdadero Buenos Aires”. Cuando bordearon el Riachuelo en bicicleta antonio gritó entusiasmado: “Ahora entiendo lo que querías decir con oler Buenos Aires”.
“Me pareció interesante, sobre todo los barrios pobres como La Boca, Constitución y San Telmo”, dijo a La Nación.
Nicolás y Rodrigo no temen en guiar a los turistas por los alrededores de la Bombonera, por las zonas humildes de San Fernando o el microcentro al atardecer, cuando los cartoneros que aplastan latas de gaseosas con los pies causan asombro en los extranjeros.
Francis Gardey vive en Bélgica y viajó a Buenos Aires para premiarse después de terminar el doctorado en matemáticas que estaba haciendo en Zurich.
La semana última, Francis de 25 años fue a conocer el Tigre en bicicleta. “Me gustó ir por pequeñas callecitas y conocer los lugares que no están en las guías. Además pude hacer un poco de deporte”, dijo.
Según Francis Buenos Aires no se parece a las demás ciudades de América del Sur. “Es una ciudad muy bien organizada, para mi no es muy distinta de Madrid o Roma”, opinó.
Valeria Burrieza.
T: (54.11) 4568.4321
M: (54.9.11) 5165.9343
Moliere 2801,
Buenos Aires, Argentina
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