UN PUENTE QUE BAILA ENTRE EL PASADO Y EL FUTURO

Urban Biking en Puerto Madero

Estábamos en Puerto Madero frente al puente de la mujer. La tarde se alejaba detrás de los edificios más altos dándoles a las luces de la ciudad el lugar para perfeccionar la postal. La hora mágica, como le dicen los fotógrafos, se hace presente en el Dique 3 de Puerto Madero mientras una lancha de prefectura surca el agua camino al Yacht Club Argentino y Dársena Norte.

Puerto Madero, el barrio más moderno de la Ciudad de Buenos Aires, comienza su reconstrucción a partir de 1989, año en que se creó la Corporación Antiguo Puerto Madero con el objeto de urbanizar las 170 hectáreas correspondientes al viejo puerto. Se comenzaron los trabajos de remodelación y reconstrucción de las viejas bodegas que se transformaron en lujosas oficinas y viviendas y llamativos locales que fueron ocupados por empresas, restaurantes, confiterías, complejos de cines, universidades y hasta un casino flotante.

En realidad el conjunto edilicio de Puerto Madero, que luego da nombre a todo el barrio, ocupa una franja que se extiende entre Avenida Brasil y Avenida Córdoba y consta de 16 dársenas y cuatro diques, que durante mucho tiempo estuvieron en estado casi de abandono. Haciendo de este puerto uno de los puertos más caros del planeta.

Ya en el siglo XIX dos hombres se disputaron su construcción. El Ingeniero Luis Huergo insistía que el puerto debía instalarse hacia el sur en el barrio de la boca, en la desembocadura del Riachuelo.
En cambio el proyecto que prosperó, a pesar de ser el más costoso, fue el de Eduardo Madero. Endeudamiento mediante, tardó casi 20 años en construirse y cuando finalizó ya era obsoleto.

Es por esta vieja disputa que la avenida que marca el límite de inicio de este barrio cambia de nombre a mitad de su recorrido justo cuando pasa frente a la Casa Rosada. En direcciones opuestas, Huergo se llama en dirección hacia el sur y Madero hacia el Norte.

Hacia el este se extienden las 170 hectáreas de un trazado urbanístico de estilo internacional que alberga los edificios más altos de la ciudad. Detrás de estos edificios y bordeada por una Costanera Sur mágicamente escenografiada con una rambla, pérgolas, bulevares, la fuente de Las Nereidas de Lola Mora y el Museo de las Telecomunicaciones que recuerdan su antigua función de balneario porteño del primer Centenario, se impone la gran Reserva Ecológica con sus más de 10 kilómetros de recorridos.

Hoy, a 20 años del inicio de la recuperación de estas 170 hectáreas para la Ciudad de Buenos Aires, las calles de todo el barrio llevan el nombre de destacadas mujeres argentinas, tales como Alicia Moreau de Justo, militante y fundadora del partido socialista, Azucena Villaflor, fundadora de las Madres de Plaza de Mayo, escritoras como Marta Lynch y Silvina Ocampo, feministas como Petrona Eyle o Julieta Lanteri, educadoras de la talla de Juana Manso y Rosario Vera Peñaloza y heroínas de la independencia argentina como Macacha Güemes y Encarnación Ezcurra.

Dentro del marco de esta notable idea de nombrar las calles en honor a grandes mujeres cuyo punto en común es “el coraje, el animarse en un mundo de hombres a hacer lo que sabían tenían que hacer” * se inaugura El puente de La Mujer.

Diseñada por el mundialmente reconocido arquitecto español Fernando Calatrava esta construcción de 170 metros de largo costó 6 millones de dólares que fueron donados por el empresario Alberto González y su diseño es una síntesis de la imagen de una pareja bailando tango. El puente fue inaugurado el 20 de diciembre de 2001 en medio de la crisis argentina. Por eso pasó desapercibido para la gran mayoría de los argentinos.

La pugna por la ubicación de un puerto en la entrada de un país agroexportador, un proyecto megalómano rápidamente abandonado, una reserva ecológica dónde hubo un balneario vecino a una de las cuencas fluviales más contaminadas del mundo y la historia de un país cifrada en los nombres de las calles que honran las historias de sus mujeres más emblemáticas…

Mientras cruzamos en bicicleta un puente que representa a una pareja bailando la música propia del mismo río que atraviesa no dejo de pensar que por más nuevo que sea este barrio, esconde mucha de la historia de los argentinos en los nombres de sus prolijas y bien pavimentadas calles.

Me abandono a disfrutar el paseo. Una brisa suave se levanta desde el río para recibir a la noche cálida de Noviembre. Al llegar a la mitad del puente dejo de pedalear aprovechando la bajada y mientras siento el sutil traqueteo de los listones de madera del piso que suena como una tanguito a tempo de dos por cuatro, no puedo dejar de pensar que voy bailando entre el pasado y el futuro de esta ciudad.

Nicolás Bottini para Urban Biking

*Felipe Pigna, Clarin, 11-05-2008 - www.clarin.com/suplementos/zona/2008/05/11/z-03501.htm
 

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Puerto Madero  Paseo por Puerto Madero

Puente de la Mujer

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